El Cascanueces
Entre sueños, madera y colores: El Cascanueces y Alebrisueños tomaron el Esperanza Iris 

El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris se transformó esta temporada en un territorio donde los sueños no duermen y la imaginación manda 
. En él convivieron dos universos que, aunque distintos, dialogan entre sí: la tradición de El Cascanueces y la fantasía contemporánea de Alebrisueños.
En El Cascanueces, la música de Tchaikovsky vuelve a marcar el paso de una historia que ya es ritual decembrino 
. El crujir de la madera del muñeco, los copos de nieve danzando y los colores del Reino de los Dulces se reflejan en el escenario del Esperanza Iris, que parece hecho a la medida de este clásico 
. Cada función es una postal viva: tutús, luces doradas y una orquesta que envuelve al público en un viaje nostálgico, casi infantil, donde el tiempo se suspendió por un par de horas 
.
A unos pasos de ese mundo ordenado surge Alebrisueños, que irrumpe como un estallido de color y movimiento 
. Inspirado en la tradición artesanal mexicana de los alebrijes, el espectáculo mezcla danza, teatro y música para contar historias que nacen del subconsciente 
. Aquí no hay reglas fijas: los cuerpos se transforman, las criaturas imaginarias cobran vida 
. Es un recordatorio de que soñar también es un acto creativo y profundamente mexicano 
.
Así, entre puntas de ballet y figuras fantásticas, el público salió con la sensación de haber recorrido dos formas de soñar: una que viene de Europa y otra que brota del imaginario popular mexicano 
. En el Esperanza Iris, los sueños no compiten; se acompañan, se mezclan y, al final, aplauden juntos 
… Sí, aquí en el mero centro de la CDMX 





